Desde que el hombre habita en la tierra, se ha servido de recursos del medio ambiente para su subsistencia, explotando, y en casos acabando, con los frutos de la naturaleza y gran cantidad de especies animales, que pueden ser útiles para la humanidad o no, pero que cumplen un papel importante para los ecosistemas, manteniendo el equilibrio de los procesos del planeta.
Así pues, esta explotación se ha dado a través de diferentes procesos, técnicas y actividades, que permitan la sustracción y aprovechamiento de dichos recursos, aunque no siempre sean las mejores, ya que en algunos casos degradan la calidad del ambiente y de la capa de ozono, evitando que estos recursos puedan ser explotados nuevamente, para el beneficio de las generaciones futuras, como lo busca el desarrollo sostenible del que se ha discutido en diversas reuniones de orden político e intergubernamental, para asegurar el desarrollo económico de los pueblos, y la protección del ecosistema Tierra.
No obstante, la historia nos dice que la evolución de las sociedades ha traído como consecuencia la formación de diferentes ideas, tanto políticas como económicas lo que ha transformado considerablemente la manera en que esas sociedades perciben el medio ambiente, muchas veces, restándole importancia a la preservación de los ecosistemas de los que – ineludiblemente – son parte, pasando por alto los daños que causan al mundo entero y enfocándose cada vez más en la formación de riquezas, como ha sido desde la época de la revolución industrial, cuando las emisiones de gases de efecto invernadero comenzaron a aumentar a causa del rápido crecimiento y expansión de las industrias, además de la gran cantidad del combustible fósil que es quemado diariamente en la actualidad, que en combinación con la tala, quema y deforestación de los bosques tropicales, ha creado un problema ambiental de ámbito mundial.
Como consecuencia de ésto, se está transformando la evolución del planeta debido a que se está generando un aceleramiento de los procesos terrestres que mantienen el equilibrio del ecosistema, lo que produce una alteración en la biosfera que se ve reflejada de diversas maneras, como las lluvias ácidas de Europa, la degradación de la capa de ozono, el derretimiento de los polos y el constante aumento de la temperatura, que acarrean una serie de desórdenes en los fenómenos climáticos y meteorológicos de la Tierra, como la subida del nivel del mar, y el calentamiento de las aguas, nocivos para cada sistema y organismo vivo en la superficie del planeta, puesto que tal alteración amenaza con el agotamiento paulatino de todos los recursos naturales, además de la extinción de un gran número de especies animales y vegetales, además de fenómenos naturales como huracanes, tifones, maremotos, terremotos, tsunamis, etc., arriesgando la vida del planeta mismo.
En vista de esta problemática la ONU creó el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) en 1988, formado por unos 1500 científicos de 300 países, en la actualidad, que son responsables de estudiar a fondo el calentamiento global y dar a conocer periódicamente los resultados de sus investigaciones, a partir de las cuales se han abierto negociaciones internacionales y mas de 150 países han firmado acuerdos para reducir las emisiones de dióxido de carbono hasta un nivel prudente para la no agresión del medio ambiente.
El sol emite cantidades impresionantes de luz, calor, energía y radiación que van en todas direcciones; la mayor parte del viento solar que viaja a través del espacio y alcanza a la capa más externa de la Tierra (la magnetosfera), es enviado de regreso hacia el espacio, lo que nos protege de las radiaciones y el exceso de calor; la otra parte de ese viento es atrapada de forma natural por los gases de efecto invernadero contenidos en la atmosfera, calentando así, la superficie de la tierra, permitiendo el desarrollo de la vida el ella, manteniendo una temperatura mundial promedio en 15º C.
El considerable aumento de la concentración de los gases de efecto invernadero en la atmosfera terrestre, trae como consecuencia que más calor quede atrapado cerca de la superficie, aumentando la temperatura mundial promedio, lo que significa una serie de alteraciones metereológicas y climáticas – evidentemente – nocivas para el equilibrio de los ecosistemas, ya que transforma las condiciones ambientales de ellos afectando la biosfera, tan rápido, que los organismos vivos, no consiguen adaptarse al nuevo medio, lo que provoca la extinción de las especies, sobretodo, las que habitan en los climas mas fríos, debido a la destrucción de su hábitat .
Cabe destacar que, aún hoy, Estados Unidos se resiste a firmar cualquier tratado en lo que a disminuir emisiones de CO2 se refiere, alegando que su producción industrial y desarrollo económico así lo ameritan, por lo que aceptar el compromiso de reducir el nivel de emisión de gases de efecto invernadero, pondrían en peligro su estabilidad económica, además de no estar de acuerdo con las “teorías” del calentamiento global – que es un hecho – y rechazando por completo la iniciativa de la conservación y protección del ambiente, lo que es una lamentable situación dado a que, Estado Unidos, es uno de los 8 países más grandes emisores de gases de efecto invernadero del mundo, junto a Alemania, Italia, Francia, Reino Unido, Canadá, Japón y Rusia, que sí han aceptado este compromiso.
Si las condiciones del medio ambiente continúan siendo agredidas, pronto, el planeta se verá en una grave situación, donde estará forzado a responder ante el maltrato por parte del hombre quien no está cumpliendo con su papel para cuidar el sutil equilibrio de la naturaleza.
La mejor manera de evitar el fin del mundo, es decir, el agotamiento de los recursos y la energía, es protegiendo al ecosistema, disminuyendo los daños causados al mismo, como la contaminación de las aguas, los suelos y el aire, aplicando campañas para sensibilizar, educar y motivar a la población a ser parte del proceso de la conservación ambiental.


